domingo, 8 de agosto de 2010

0$, cuando nada vale nada

Entrevista a Raj Patel, autor de Tácticas para combatir al capitalismo.

El escritor, activista y académico británico fue asesor del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, pero empezó a denunciar los tejes y manejes que vio. En su nuevo libro asegura que la sociedad de mercado es insostenible y que destroza al medio ambiente.

Raj Patel's The Value of Nothing: a film from Portobello Books on Vimeo.


“El capitalismo internacional es en sí mismo muy violento”, asegura Raj Patel.

-Un correo de MOVIDA AMBIENTAL,Por Facundo García:

Hoy la gente conoce el precio de todo, pero no sabe el valor de nada.” El británico Raj Patel se inspiró en esa frase de Oscar Wilde para escribir $0, cuando nada vale nada, una encendida deconstrucción de prejuicios que han pasado a considerarse el orden natural de la existencia.
En sus ensayos, el autor trabaja con premisas que deben estar provocando palpitaciones entre los profesores que tuvo en las universidades de Oxford, Cornell y la Escuela de Economía de Londres. Pero a Patel le interesan cosas más importantes que la salud cardíaca de esos popes. Para él, la “sociedad de mercadono se limita a administrar los bienes: el capitalismo, en su afán por ponerle un precio a todo, se ha convertido en una peste que impregna cada actividad en la que se involucran los humanos. Nada menos. “Este sistema no es sostenible. En principio, porque está haciendo pedazos el medio ambiente”, arremete, y en esa primera frase uno entiende que la
época en que Patel asesoraba al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio ha quedado lo suficientemente lejos como para que se haya acostumbrado a hablar sin eufemismos.

–En su libro, usted propone formas de organización social alternativas. ¿Cree que es sensato hablar de la abolición de la “empresa capitalista”?
–La innovación, el espíritu emprendedor y el ingenio permanecerán, eso delo por descontado. Lo que ocurre es que reclamarle al capitalismo que respete algunos límites –como el equilibrio ecológico– es, en realidad, pedir su abolición. De no entenderlo así estaremos defendiendo, en el fondo, el remate del equilibrio ambiental y la persistencia de la injusticia. Por otro lado, ya hay otras formas de hacer funcionar la economía y la sociedad.

–¿Pero son sostenibles? ¿Qué es lo que hace falta para que se dé vuelta la torta definitivamente?

–Dediqué los últimos seis meses a recopilar varias de estas opciones, y una de las certezas que encontré consiste en que ha llegado la hora de que los países ricos asuman sin tapujos que tienen una deuda enorme con los países pobres. No soy ingenuo, ya sé que eso requerirá un descomunal cambio político. Sin embargo, como persona que se interesa por la historia, también soy consciente de lo rápido que pueden ocurrir las transformaciones y de cuán velozmente nos adaptamos a lo nuevo.

La obra de Patel se paseó por las listas de “los más vendidos” del New York Times, empujada por los elogios de la investigadora (y paradójica trademark) Naomi Klein. Eso es índice de que en alguna zona de la opinión pública hay piezas moviéndose. Pero, ¿quién podrá combatir con éxito el coma cerebral que se promociona desde la tele y los carteles publicitarios? No queda otra que confiar en la lucidez de pensamiento y la política. Por eso, ante la certeza de que hay sociedades que se encaminan hacia la catástrofe, Patel compara el ánimo reinante con “la ceguera de Antón”, un extraño síndrome que se caracteriza por hacer que a pesar de haber perdido la vista los pacientes insistan en que pueden ver. Más o menos como aquel director de cine que encarnaba Woody Allen en Hollywood Ending (2002). Pero sin comedia.
Como metáfora, la ceguera de Antón es útil para ver por qué es tan difícil comprender la economía actual. Vivimos atrapados en una cultura que insiste en que la forma más adecuada de ver el universo es a través de un mercado salvaje, declarando que, mediante el ejercicio ilimitado de la oferta y la demanda, podemos hacer del mundo un lugar mejor. Esto no es sólo delirante, sino que distorsiona la mirada que tenemos sobre el resto del planeta”, señala el analista. La sociedad de mercado, en consecuencia, sería un fenómeno que excede el intercambio de bienes “convencionales” e incluye todo un entramado simbólico que “lo mantiene y ahonda hasta el absurdo”. Una lógica perfectamente expresada en un chiste que cita Patel:

–Pregunta: ¿Cuántos economistas de la Escuela de Chicago hacen falta para cambiar una bombilla?
–Respuesta: ninguno. Si hubiera que cambiar la bombilla, el mercado ya lo habría hecho.


$0, cuando nada vale nada recorre un amplio espectro temático. Va de la construcción de la subjetividad al estudio de las corporaciones, pasando por los secretos del capital financiero y las lecciones que se pueden extraer de las comunidades de software libre. Siempre con humor y lenguaje llano. Y siempre bajo una especie de código de honor, que consiste en no enfermarle la cabeza al lector si no se le van a proponer soluciones que lo encaminen a recuperar el derecho a definir qué es lo que realmente cuenta para su vida.

–Su libro sugiere varios cambios. Sin embargo, no se mete con el problema de la “violencia defensiva” de grupos que están proponiendo alternativas al mercado, como Vía Campesina, El Movimiento Sin Tierra de Brasil y el Ejército Zapatista de México, por citar algunos. ¿No cree que el tema completaría el panorama?

El capitalismo internacional es en sí mismo muy violento. No sólo a través del uso directo de la fuerza para mantener el actual régimen de propiedad, sino también por la violencia psicológica y sistémica a la que nos ata. Por eso no es una sorpresa que Vía Campesina sostenga que parte de su lucha es contra “todas las formas de agresión contra la mujer”. Volviendo a la pregunta, sugiero que la acción directa es una de las tácticas que pueden incluirse en una estrategia de mayor alcance para combatir al capitalismo. No es, por cierto, una idea terriblemente radical. El ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore ha hecho un llamado similar invitando a defender la naturaleza. Entonces, ¿estoy abogando por la violencia contra la propiedad privada? Cuando se lleva a cabo con un sentido profundo, definitivamente sí. El MST (Movimiento sin Tierra), por ejemplo, ofrece una brillante demostración de cómo puede hacerse eso.
–O sea que autodefensa y acción directa son herramientas que no deberían dejarse de lado.
–Deberíamos empezar a pensar en ese abanico de opciones que están disponibles para mantener y proteger nuestros logros, y recopilar otras novedosas para la defensa de nuestras victorias. Mucho más interesante que las tácticas en sí son los procesos de organización que las preceden. Pero cuidado: en el instante en que uno elige la violencia contra otros seres humanos, está abriendo las puertas a algunos lugares muy sombríos, de los que nadie sale inerme.

–¿Y qué tal le va a América latina en su diagnóstico global?

América latina está pasando por un momento político increíble y, por lo tanto, no libre de riesgos. La pérdida de la hegemonía estadounidense y la emergencia de Brasil coinciden con el avance indígena y los sectores más postergados. Los presidentes de Bolivia y Venezuela deben su éxito, en buena parte, a estos fenómenos; y la reciente Conferencia Mundial de los Pueblos y la Madre Tierra que se hizo en Cochabamba reveló las posibilidades y peligros que enfrentan los movimientos sociales que están siendo ayudados por el Estado. Al mismo tiempo, si uno mira un poco más al norte se da cuenta de que la gente raramente sabe quién es Evo. Indagué sobre él, en parte, porque confío en que conociéndolo mejor podamos expandir nuestra imaginación política.


Eduardo Baird

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